Parque de María Luisa

Sevilla es una ciudad con innumerables atractivos que la convierten en el mejor sitio para vivir y para ser visitado. Pero si algunos de ellos cabe resaltar, además de su gente, son sus Parques y Jardines, y como referente nacional e internacional, entre todos destaca el Parque de María Luisa.

La Delegación de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla pretende que la visita al parque más emblemático de la ciudad, el Parque de María Luisa, trasmita la esencia de ésta; de sus monumentos, sus edificios, sus plazas, sus fuentes y estanques, sus costumbres, su gente…en un entorno rodeado de modernidad y vanguardia.

A través de la página www.parquedemarialuisa.es ofrecemos una visita virtual donde se recorre cada espacio del parque, se describe su trazado, sus dimensiones, las especies vegetales que habitan en él, sus edificios, sus rutas establecidas y las actividades que se celebran durante todo el año. Los visitantes habituales del parque tienen a su disposición información que les permitirá reencontrarse con sus rincones preferidos. Los visitantes esporádicos disponen de itinerarios ordenados para descubrir la belleza y singularidad de sus espacios.

Por último, los visitantes virtuales pueden realizar una visita completa y apreciar las características históricas, botánicas y patrimoniales del parque de María Luisa. Además, esta web es una herramienta de participación de los ciudadanos/as en las actividades del parque. A través de ella se recogen las opiniones y sugerencias que ayudan a revitalizar el parque y mantenerlo en las condiciones que este monumento verde de Sevilla merece.

Parque de María Luisa Historia

Antes de ser el «parque de Sevilla» eran unos terrenos que formaban parte de los jardines del Palacio de San Telmo, naranjales y huertas cercanas pertenecientes a los Montpensier.

Fue donado a la ciudad en 1893 por la Infanta María Luisa Fernanda de Borbón, Duquesa de Montpensier. El ayuntamiento en agradecimiento lo bautizó con su nombre.

Hasta 1911 no se incorpora al patrimonio urbano. En este año el Comité Ejecutivo de la Exposición Iberoamericana encarga al famoso jardinero y paisajista francés Jean Claude Forestier la remodelación del parque para adaptarlo al certamen internacional.

Las obras ocuparon los años de 1912 a 1922, pero desde 1914 estaba abierto al público.

En 1849 los duques de Montpensier, adquirieron el Palacio de San Telmo, hoy sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Entre las diversas obras que acometieron en él,   encargaron al jardinero francés Lecolant la ejecución de un gran jardín acorde con la majestuosidad del edificio que habían convertido en su residencia. Con objeto de disponer de   suficiente superficie compraron terrenos colindantes como la Huerta del Naranjal y aquéllos sobre los que se asentó el antiguo convento de san Diego. Lecolant diseñó un gran   jardín que acorde con la moda del momento seguía los dictados del paisajismo a la inglesa, incluyendo pinceladas de pintoresquismo que en ocasiones aludían a estilos propios de   otras latitudes, como la jardinería oriental, y en otras supusieron la ubicación de restos arqueológicos propiedad de los duques. No obstante el diseño incluyó también algunas   composiciones dentro de la ortodoxia del formalismo francés al que lógicamente Lecolant no era ajeno.  

En mayo de 1893 una gran parte de ese jardín fue cedido por la duquesa viuda: la Infanta María Luisa de Borbón a la ciudad. Con anterioridad el Ayuntamiento le había   pedido permiso para poder trazar una calle que por esta zona hiciera posible la conexión con el río de la parte situada más allá del antiguo convento de San Diego, con lo que   surge el Paseo de María Luisa. Desde ese momento todo este gran jardín que quedaba al sur de esta nueva vía que llegaba hasta el paseo de Bella flor donde surgían los jardines  

de las Delicias- iba a ser un parque para la ciudad, que ésta agradecida llamaría de María Luisa.  

En Junio de 1909, se lanza por vez primera la idea de celebrar una Exposición Hispanoamericana en Sevilla que es rápidamente secundada por diversos estamentos de la   ciudad. Al año siguiente se realizan las primeras aportaciones económicas por organismos oficiales entre los que lógicamente se encuentra el Ayuntamiento. Éste ofrece el parque de  

María Luisa y terrenos adyacentes de su propiedad como posible ubicación de la misma. Se estudian otros mientras algunos se oponen al uso del parque temiendo su deterioro manifestando que se trata, además, de una zona sujeta a inundaciones. Al fin una vez asegurado que la zona quedaría protegida del agua una vez se efectuaran las obras   pertinentes de defensa, el recién creado Comité para la organización del certamen decide, en abril de 1910, que los terrenos ofrecidos por el Ayuntamiento serán los de ubicación de la Exposición. En ellos quedan incluidos el Parque de María Luisa y los Jardines de las Delicias.  

Se piensa entonces en una adecuada adaptación del parque para que sin que se deteriore sirva correctamente como marco para la celebración de la Exposición. Como director de los trabajos de planificación general y de las obras de edificación se elige al arquitecto Aníbal González. Para las necesarias obras específicamente de jardinería se busca a un especialista de reconocido prestigio y la elección recae en J.C. N. Forestier, ingeniero francés que era conservador de los parques y jardines de París y autor de numerosas obras fuera de su país.  

En Enero de 1911 ya elabora un anteproyecto que finalmente en abril de ese mismo año es aprobado encargándosele el proyecto definitivo. Forestier visitaría Sevilla  nuevamente en septiembre de ese año para tomar los datos necesarios con objeto de elaborarlo. El proyecto definitivo lo termina en París en octubre y lo conocen las autoridades sevillanas en noviembre; en él junto con una detallada memoria y presupuesto se incluyen los planos que contienen el diseño que ha pensado para la reforma del parque.  

En él se toma como centro de toda la composición del parque una gran parte del núcleo del jardín anterior diseñado por Lecolant constituido por el eje que une la isleta o estanque de los patos y el montículo del Gurugú. Respetando el paseo de María Luisa, Forestier refuerza ese eje con la ejecución del estanque de los lotos en una de sus cabeceras y con la de la fuente de los Leones al pie del Gurugú, reacondicionando el estanque de los patos. Como articulación de toda la superficie disponible, crea dos grandes avenidas paralelas: las denominadas más tarde avenida de Pizarro, agradable paseo cobijado por sóforas y la de Hernán Cortés majestuosa bóveda vegetal a cargo de plátanos de sombra, además de una poderosa transversal, la denominada Avenida de Rodríguez Casso que pensaba abrir el parque hacia la zona del Prado de San Sebastián; la ejecución posterior de la Plaza de España, la convertiría en un privilegiado eje de acceso a la misma hoy flanqueado por hermosos magnolios.  

El parque se abrió al público finalmente el 18 de Abril de 1914 constituyendo desde entonces y hasta 1973 en que se inauguraría el Parque de Los Príncipes (descrito en otro lugar) el parque por antonomasia de la ciudad. Con las obras de la Exposición, que sumarían a su recinto las grandes plazas de España y América y numerosas glorietas, ha quedado como fiel exponente de la composición ecléctica que presidió durante la primera mitad del siglo XX gran parte de las realizaciones de espacios ajardinados y de los que la ciudad de Sevilla es significativo ejemplo. Compromiso entre las formulaciones paisajísticas y la rigurosidad de los trazados de la ortodoxia francesa, su adaptación al Sur y al ambiente del regionalismo imperante en el momento, hizo de la glorieta la base en gran medida de su composición. Su acentuado carácter local pese a la filiación de los que intervinieron en su diseño, mostrada tangiblemente en el profuso uso de materiales de gran tradición como el ladrillo y la cerámica, lo convierte en un exponente significativo de una manera de abordar la jardinería pública hoy olvidada y relegada por otras de mucha mayor aceptación al gusto de los usuarios de estos tiempos. Parques como el Alamillo o el Infanta Elena con una nueva teoría naturalista casi de espacios rurales traídos al interior de la ciudad, con un uso masivo de vegetación autóctona hasta ahora no tradicionalmente usada en jardinería ornamental, han introducido una visión nueva que si ha de ser señalada por algo es por el olvido de la glorieta, acuerdo entre vegetación y arquitectura, que fue y es la base de la composición del gran parque de Sevilla.  

Gran parte de estas glorietas han sido cuidadosa y detalladamente restauradas en un largo y costoso proceso desarrollado durante el año 2002.  

El rítmico ruido de los aspersores en los silencios del caluroso verano de Sevilla, cada vez menos frecuentes sustituidos hoy por otras técnicas más eficaces, acompañado por el penetrante trino de los mirlos y el lejano eco de un coche de caballos que recorre sin prisas sus avenidas de tupida sombra; el lento caminar por sendas y caminos, que esconden tras la espesura de su densa vegetación, pequeñas glorietas donde el agua, rebosante muchas veces, desborda canalillos y estanques para humedecer cerámicas y arriates; el pausado borboteo de fuentes y surtidores; los anaqueles, hoy vacíos, que recuerdan los días dorados de la Exposición Iberoamericana, ponen, ahora y siempre, ante los ojos del sorprendido paseante un gran jardín que casi sin quererlo encierra entre sus árboles -para el que quiera y sepa descubrirla- una gran parte de la historia reciente de la ciudad.

Visita al Parque de María Luisa

Es un verdadero Jardín Botánico, con una extensa variedad de árboles y plantas de todas partes del planeta, especialmente las procedentes de América.

También contiene gran variedad de especies de aves entre las que se pueden destacar los pavos reales y pájaros cantores, cisnes y patos que esperan pacientemente a que un paseante les alimente con los granos que se venden en sus proximidades o el que traiga de su casa (típicamente pan).

Sus fuentes dan ese toque arabesco que añaden el sonido y la paz al relax que puede disfrutarse entre sus muchos bancos azulejados y detallistas que describen obras de la literatura y otras artes donde se puede descansar sosegadamente.

Después de un agradable caminar por sus calles nominadas con famosos nombres, se llega a la Plaza de América donde se puede disfrutar entrando en dos de los más famosos museos de la ciudad, el de Artes y Costumbres Populares y el Arqueológico y sede de la Exposición Iberoamericana de 1929.

Esta Plaza de América tiene una particular característica, son sus palomas, que también es la razón del segundo nombre por el que se conoce al Parque en general, el «parque de las palomas».

Glorietas del Parque de María Luisa

El Parque de María Luisa encierra entre sus árboles y glorietas una gran parte de la historia reciente de la ciudad. A continuación les enumeramos algunos de los lugares de este hermoso parque que no se pueden perder.

ESTANQUE DE LOS LOTOS
GLORIETA HERMANOS ÁLVAREZ QUINTERO
PLAZA DE AMÉRICA
MONUMENTO A BÉCQUER
JARDÍN DE LOS LEONES
GLORIETA BENITO MÁS Y PRAT
GLORIETA JOSÉ MARÍA IZQUIERDO
GLORIETA DE OFELIA NIETO
GLORIETA DE DOÑA SOL
GLORIETA DE LOS TOREROS
GLORIETA DE LA CONCHA
MONUMENTO A LA INFANTA MARÍA LUISA
ISLETA DE LOS PATOS
GLORIETA DE LUIS MONTOTO
GLORIETA AZUL

Tipo: JARDÍN HISTÓRICO, ARTÍSTICO O DE INTERÉS CULTURAL